El misterio de Lucifer
En los templos de Egipto, cuando el recipiendario estaba a punto de sufrir las pruebas de la Iniciación, un sacerdote se acercaba a él y le murmuraba al oído esta frase misteriosa: ¡ACUERDATE QUE OSIRIS ES UN DIOS NEGRO! Ese es el color simbólico de las Tinieblas y de las SOMBRAS CIMERIAS, el de Satán, a quien se ofrecían rosas negras, y también el del CAOS PRIMITIVO, donde las semillas de todas las cosas se mezclan y se confunden.
El Diablo, ciertamente, es la Piedra Filosofal de los alquimistas medievales. Indubitablemente, cada persona tiene su propio Diablo, que como ya les he dicho no es más que la reflexión del Logos dentro de cada uno de nosotros; eso es obvio. El tiene potestad sobre los Cielos, sobre la Tierra y sobre los Infiernos.
Cuando se dice que hay que encerrar al Diablo dentro de nosotros, esto significa que es necesario capturarlo o aprehenderlo, hasta que llegue a ser el CHRISTUSLUCIFER de los gnósticos. Y refiriéndonos al arte de hacer instrumentos musicales, diremos que hay que darle forma como si fuera un instrumento, de modo que resuene con una nota diferente.
Debemos, pues, hacer una clara diferenciación entre lo que es el Diablo y lo que es Lucifer. El Diablo en sí mismo, como reflexión del Logos en nosotros y dentro de nosotros, es la PIEDRA BRUTA que hay que labrar, hasta convertirla en PIEDRA CUBICA PERFECTA, en Lucifer.
El Diablo, cuando está sin labrar, sin pulir, es SATANAS, el Diablo en su aspecto más obscuro y tenebroso. Pero no pensemos en un Satanás antropomórfico; no, pensemos en el Satanás propio, particular. Es claro que, cuando ya hemos conseguido la disolución del Ego, cuando lo hemos reducido a cenizas, entonces esa PIEDRA BRUTA se habrá convertido en la PIEDRA CUBICA PERFECTA; entonces Satanás es ya Lucifer, el Hacedor de Luz.
En otros tiempos al Hacedor de Luz se le confundía con Venus, con la Estrella de la Mañana, y hasta en el Apocalipsis de San Juan se dice que al que venciere, se le dará la Estrella de la Mañana. El Señor Quetzalcoatl, por ejemplo, después de haber quemado sus elementos inhumanos en los mundos infiernos, ascendió a los Cielos y se convirtió en la Estrella de la Mañana, en el Lucero Vespertino. Así, pues, el Diablo transformado en Lucifer, ya resplandeciente como el Sol, es el Príncipe de la Luz, el Señor de Gloria, y tiene potestad sobre los Cielos, la Tierra y los Infiernos.
Para que los hermanos tengan un poquito más de Conciencia sobre lo que estamos diciendo, vean allí, entre esas dos columnas, a la PIEDRA EN BRUTO y a la PIEDRA CUBICA PERFECTA. En el individuo que no ha burilado o cincelado todavía su Piedra Filosofal, ella es dura y su Satanás negro como el carbón, ostentando todos los defectos psicológicos. Pero cuando ya nosotros hemos labrado la Piedra, ese Satanás se convierte entonces en la Piedra Cúbica Perfecta; es decir, cuando hemos disuelto el Ego, el Diablo se transforma en el Lucifer glorioso; entonces venimos a evidenciar que Satanás es la Piedra Bruta que es necesario labrar.
Si invocamos en los mundos suprasensibles a la reflexión del Logos de cualquier persona que no ha disuelto el Ego, veremos a un Satanás negro como el carbón, pero si invocamos al Satanás de alguien que ya disolvió el Ego, con gran asombro veríamos a un Arcángel de Luz, a un Lucifer glorioso. Resulta muy interesante observar al Diablo fuera del cuerpo físico: es negro, negro como el carbón, y arroja ese fuego tenebroso del individuo que todavía no ha eliminado el Ego. Y asombra verlo como un Arcángel de Luz, lleno de esplendor, en aquél que ya eliminó el Ego.
Obviamente, ese Arcángel se convierte en el LIBERADOR, porque de la fusión de ese Arcángel con el Alma Humana, con el Espíritu, resulta precisamente el Arcángel. Esto no se ha escrito en ningún libro de esoterismo. Hay mucha bibliografía y sin embargo no se ha hablado detenidamente del tema. Muchos confunden al Diablo con Lucifer, pero resulta que una cosa es la Piedra Bruta y otra la Piedra Cúbica Perfecta.
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