Nuestros antepasados de Anáhuac

Nuestros antepasados de ana huacContinuación de la conferencia titulada "Extraterrestres la conquista del espacio"

Nuestros antepasados de Anahuac dijeron: Los Hijos del Quinto Sol refiriéndose a nosotros “perecerán con el fuego y los terremotos”. Esto está debidamente testimoniado ahora con la catástrofe de Guatemala que, entre paréntesis, fue muy grave ya que no solamente tembló sino que sigue temblando en ese país y los muertos están aumentando. Así pues que, la humanidad perecerá por el fuego y los terremotos, y por último será definitivamente barrida de la faz de la Tierra por el cambio de lecho de los océanos.

Más así, mediante este tremendo y espantoso sacrificio, surgirán un día de entre el caos continentes nuevos donde vivirá una nueva humanidad. Ya Virgilio, el poeta de Mantúa dijo: Llegó la Edad de Oro y una nueva progenie manda”... Si nosotros somos tan perversos que provocamos guerras atómicas, habrá un día en que vivirá sobre la faz de la Tierra una humanidad pacífica, una humanidad llena de amor, una humanidad inocente y pura, una humanidad bella y sabia.

Me parece que este planeta ha salido de entre la Conciencia de eso que llamamos Dios, de lo Inefable, pero hasta ahora hemos marchado por el camino de la perversidad y tendremos que perecer; pero habrán “cielos nuevos y tierras nuevas”, como dijo Pedro en su “Epístola a los Romanos”, y en ellas vivirá una humanidad nueva.

Haciendo reconsideraciones sobre todos estos principios, bien vale la pena que luchemos nosotros por una transformación radical, bien vale la pena que establezcamos dentro de nosotros un nuevo orden. No nos conocemos a sí mismos y necesitamos conocernos; dentro de nosotros hay maravillas que desconocemos.

Alguien me decía el otro día: “Yo sí me conozco a mí mismo, señor”. “Me alegra e respondí que usted se conozca a sí mismo, pero contésteme usted la siguiente pregunta: ¿cuántos átomos tiene un pelo de su bigote?” Al hacerle esta pregunta guardó silencio. Luego dijo: “Es que”... y por último exclamó: ¡Eso sí no lo se!” Le dije: “Si usted no conoce ni siquiera cuántos átomos hay en un pelo de su bigote, ¿cómo es que se atreve usted a decir, con gran énfasis, que se conoce a sí mismo en forma íntegra, unitotal?” El hombre quedó confundido...

En nosotros hay algo más que cuerpo físico; existe una psicología que hay que estudiar. El cuerpo físico no es todo; ustedes se sienten atraídos hacia lo físico, hasta admiten que tienen un cuerpo de carne y hueso porque lo pueden tocar, porque lo pueden palpar, pero difícilmente aceptan que tienen una psicología, porque esto sí que no lo pueden palpar físicamente. Cuando alguien admite que tiene su propia idiosincrasia psicológica particular, individual, de hecho comienza a auto-observarse. Obviamente cuando alguien se auto-observa, comienza a ser diferente a los demás, da las posibilidades de cambiar.

De entre toda esta humanidad habrá de ser salvado un núcleo de gentes, de gentes que cambien, de gentes que logren con anticipación un cambio psicológico. Tales gentes serán asistidas y llevadas a cierto lugar del Pacífico, y desde allí podrán contemplar el duelo del agua y del fuego durante siglos. Y al fin, cuando surjan tierras nuevas del fondo de los mares, esas gentes que hayan cambiado podrán vivir en paz, convertirse en el núcleo de una futura humanidad. Pero necesitamos cambiar y no podríamos cambiar si no nos auto-observamos psicológicamente.

Por eso dije que cuando alguien comienza a auto observarse psicológicamente da esperanzas de cambiar, se vuelve una persona diferente. Necesitamos auto-observarnos en el pensar, en el sentir y en el obrar. Me parece que no es delito la auto-observación psicológica, me parece que no es delito intentar un cambio psicológico. Dentro de nosotros mismos, dentro de nuestra persona, existen los factores de la discordia que producen guerras en el mundo.

Mucho se habla sobre la paz por estos tiempos. Mussolini decía: “La paz es un ramo de olivo que pende del filo de once millones de bayonetas” vean ustedes esa clase de palabras, de consejos. ¿Y en qué quedó el Duce Mussolini? Allá lo colgaron de una gasolinera y le aplicaron la famosa pena esa de la vendetta italiana, le dieron de puños y de patadas, y por último cayó el cadáver al suelo. Alguien por ahí, un ciudadano bastante sádico, mirando el cadáver del Duce entre el lodo exclamó: “¡El Duce se ha vuelto un cerdo!”

Así que, la paz no es cuestión de propaganda, ni de apaciguamientos, ni de ONU, ni de ejércitos pro-paz, etc. Recuerden ustedes que la ONU ha enviado también ejércitos que han ido a pelear por la paz. ¿Creen ustedes que pelear por la paz es paz? Ustedes mismos son testigos de que la ONU dispone de un ejército y que estos han atacado a otras fuerzas, que han bombardeado, que han empuñado el fusil. ¿Creen ustedes que así se trabaja por la paz? En el mundo habrán guerras mientras dentro de nosotros existan los factores que producen guerras.

El temor es uno de los principales motivos del armamento mundial. Si un hombre teme a otro hombre se arma, carga pistola. ¿Por qué? Porque le teme; si no le temiera no se armaría. Si una nación se arma hasta los dientes, si adquiere bombas atómicas, cañones ultramodernos, etc., es porque teme que la invadan, teme que otra nación le ataque. El miedo hace cometer muchas injusticias; un hombre mata a otro por miedo, el miedo a la vida hace que muchos se metan a ladrones, el miedo a perecer de hambre hace que muchas mujeres se prostituyan. De manera que mientras existan los factores del miedo, del temor dentro de nosotros, tienen que haber guerras, prostituciones, robos, asesinatos, etc., etc., etc.

Si queremos luchar por la paz debemos acabar con los factores que producen guerras; el temor es uno de ellos. Si queremos nosotros paz, acabemos con el egoísmo. Cada uno de nosotros dice: primero Yo, segundo Yo y tercero Yo”. Si se proyecta ese egoísmo mundialmente, si las naciones dicen “primero Yo, segundo Yo y tercero Yo”, habrán encuentros por intereses entre país y país y se desatará la guerra.

Así, pues, la paz no es cuestión de apaciguamientos, ni de propagandas, ni de ejércitos de paz, ni de ONU, ni de UNESCO, ni de OEA. Mientras dentro de nosotros existan los factores que producen guerras, en el mundo habrán guerras. La paz es una sustancia atómica inefable que está más allá del bien y del mal, y que viene del Espacio Abstracto Absoluto.

Es necesario que nosotros nos auto-exploremos en estos momentos de crisis mundial y de bancarrota de todos los principios; es necesario que nosotros nos auto-observemos psicológicamente en estos instantes en que la Tierra está convulsionada por tantos y tantos terremotos; es necesario que reflexionemos sobre nuestra posición actual, sobre lo que somos, sobre lo que proyectamos, sobre nuestro pensar, sobre nuestro sentir, sobre nuestro obrar.

Hay una psicología que tiene cada uno de nosotros y esto no es cuestión de creer o de no creer sino de observar. Existe en nosotros la ira que nos conduce a la locura; la codicia y no solamente codiciamos sino que algunos que se las echan de “santos” codician no ser codiciosos. Existe en nosotros la lujuria que nos convierte en verdaderas bestias; la envidia que se ha convertido en el resorte de la acción social, porque si vemos a otro que tiene un lindo carro ultramoderno y flamante, le envidiamos y deseamos tener otro carro como ese, o aún mejor, y si vemos que un amigo de nosotros ha comprado una linda casa y tiene allí viviendo una bella esposa, nosotros le envidiamos y deseamos tener una casa mejor que la de ese amigo, y si nosotros queremos echarnos de virtuosos afirmamos: “no, yo no codicio, me contento con lo que tengo pan, abrigo y refugio y eso es todo”, aunque por dentro arda en el deseo de conquistar fama, honores, prestigio, dinero, etc., etc., etc.

El orgullo nos está corroyendo el corazón, cada uno de nosotros tiene su orgullo particular, individual, nos queremos demasiado a sí mismos y eso es gravísimo; perezosos los hay muchos, glotones por montones, pero nosotros no somos perezosos ni glotones, somos muy santitos. La cruda realidad de los hechos es que dentro de sí mismos tenemos valores negativos que nos conducen al fracaso, y esto en instantes de crisis mundial y bancarrota de todos los principios, en momentos precisos en que se acerca la tercera guerra mundial.

Yo digo que cada uno de los defectos psicológicos que tenemos en nuestro interior es como un demonio o como una entidad tenebrosa. Cuando uno lee los Cuatro Evangelios encuentra un Versículo donde se afirma, en forma enfática, que el Gran Kabir Jesús de Nazareth, el Cristo, arrojó del cuerpo de María Magdalena siete demonios he ahí los siete pecados capitales. Si se multiplicasen por otros siete y otros tantos miles de sietes más, entonces lo que el Gran Kabir arrojó del cuerpo de la Magdalena fue una legión. Virgilio, el poeta de Mantúa, dijo: “Aunque tuviésemos mil lenguas para hablar y paladar de acero, no alcanzaríamos a enumerar todos nuestros defectos cabalmente”.

Así, pues, el Evangelio Crístico tiene razón cuando afirma que cada uno de nosotros es legión. Si afirmásemos en forma clara y precisa que el Yo no es algo individual, sino que constituye una pluralidad, no estaríamos exagerando la cuestión. Dentro de cada persona existe un Yo pluralizado, existe el Yo envidio, el Yo amo, el Yo odio, el Yo tengo rencor, el Yo tengo lujuria, el Yo tengo egoísmo, etc., etc., etc. Toda esa multiplicidad de Yoes existe dentro de nosotros mismos, aquí y ahora.

Estamos hablando en el terreno psicológico revolucionario, estamos afirmando que dentro de nosotros existen múltiples entidades psicológicas, y eso está debidamente patentizado, está debidamente documentado por las contradicciones que tenemos en nuestra mente: tan pronto estamos afirmando como negando, nuestra mente es mente veleta, nunca sostenemos lo mismo. Así, pues, ¿de dónde vienen las contradicciones psicológicas? El cerebro no es más que el instrumento de la mente, pero no es la mente; está hecho para transmitir el pensamiento, pero no es el pensamiento. Así, pues, pensemos más a fondo: ¿de dónde devienen las contradicciones psicológicas? Obviamente de la pluralidad del Yo.

Si dijéramos que cada uno de nuestros Yoes posee los tres cerebros: intelectual, emocional y motor, no exageraríamos. En otros términos diríamos que dentro de cada persona viven muchas personas psicológicas. También diríamos que así como existe el espacio este, el tridimensional de Euclides, existe también el espacio psicológico. No hay duda que toda esa multiplicidad de personas psicológicas que en nosotros mora, es una realidad dentro del espacio psicológico.

Sin embargo los sentidos físicos no son capaces de percibir el espacio psicológico, más hay otro sentido: el sentido de la auto-observación psicológica, que sí puede percibir tal espacio. Desgraciadamente el sentido de la auto observación psicológica está atrofiado, más conforme nosotros nos auto-observemos de instante en instante, de momento en momento, podremos desarrollar tal sentido. Cuando eso sea, la multiplicidad del Yo será una realidad para nosotros, la veremos, y también percibiremos inteligentemente el espacio psicológico.

Cada uno de nosotros es legión, tenemos la Conciencia demasiado dormida; el humanoide intelectual no es capaz de ver y tocar o palpar las grandes realidades del espacio psicológico. Necesitamos despertar Conciencia, porque la Conciencia de nosotros está embotellada, embutida entre todos esos Yoes que en su conjunto constituyen el mi mismo, el Yo mismo, el sí mismo. Necesitamos desintegrar esos Yoes que personifican nuestros errores, y eso es posible mediante la auto-observación psicológica.

Es en el terreno de la vida práctica, en la fábrica o en la oficina, en la calle o en el mercado, o donde sea, donde podemos auto-descubrirnos. En relación con la gente los defectos que llevamos escondidos afloran espontáneamente, y si estamos alertas y vigilantes como el vigía en época de guerra, entonces los vemos. Defecto descubierto debe ser enjuiciado severamente a través del análisis superlativo del Ser; defecto descubierto debe ser estudiado y posteriormente desintegrado.

No hay duda que la mente no puede alterar radicalmente ningún defecto; la mente puede justificar tal o cual error, cambiarlo o pasarlo de un departamento a otro del entendimiento, justificarlo o condenarlo, pero jamás desintegrarlo. Necesitamos de un poder que sea superior a la mente, capaz de aniquilar cualquier defecto. Afortunadamente tal poder se haya latente en el fondo de la anatomía humana. Quiero referirme, en forma enfática, a la Signatura Astral del Sexo, quiero referirme a Dios-Madre, al Principio-Amor, al Eterno Femenino Divinal; quiero referirme en forma clara a la Divina Madre Kundalini-Shakti, a Stella Maris o la Virgen del Mar, a Tonantzin, Rea, María, Cibeles, Adonia, Insoberta, Diana, etc.

Diosmadre subyace en las profundidades de nuestro propio Ser, es un poder flamígero que solamente el psicólogo avanzado puede percibir con el sentido de la auto-observación psicológica. Si se apela a ese poder ígneo o Divinal que es una variante de nuestro mismísimo Ser podríamos desintegrar perfectamente cualquier defecto psicológico que previamente hayamos comprendido en todos los niveles de la mente. Bastaría clamar como clama un niño a su madre cuando tiene hambre o tiene sed, bastaría suplicar a Devi Kundalini-Shakti que desintegrara cualquier Yo-Defecto previamente comprendido.

Así éste quedaría reducido a polvareda cósmica, a cenizas, y la Conciencia enfrascada, metida entre tal Yo Defecto, sería liberada. Por ese camino podríamos desintegrar todos los “Yoes-Defectos” y liberar la totalidad de la Conciencia Superlativa del Ser. Una Conciencia liberada, emancipada, es capaz de ver y tocar o palpar las grandes realidades del espacio psicológico; una Conciencia liberada está más allá de la mente y puede perfectamente descubrir la realidad de todos los fenómenos que se suceden en el Universo.

Quiero que ustedes sepan que hay tres clases de mentes. A la primera podríamos denominarla Mente Sensual. Ésta elabora sus conceptos de contenido con las percepciones sensoriales externas, nada sabe sobre el espacio psicológico, nada sabe sobre lo Real, sobre Dios, etc. Don Enmanuel Kant, el filósofo de Konisberg, escribió una obra titulada “La Crítica de la Razón Pura”; el pensamiento kantiano con todos sus silogismos, prosilogismos, esilogismos, etc.- es formidable. Don Enmanuel Kant, con “La Crítica de la Razón Pura”, demostró al mundo que la Mente Sensual nada puede saber sobre lo Real, sobre la Verdad, sobre Dios, etc., pues elabora sus conceptos de contenido con las percepciones sensoriales externas y por lo tanto sobre la Verdad no puede saber nada.

Hay una segunda mente; quiero referirme a la Mente Intermedia. Allí están depositados todos los dogmas, las creencias religiosas, etc. Cada cual es muy libre de creer lo que quiera; nosotros los gnósticos en modo alguno nos pronunciaríamos contra las creencias ajenas, sabemos respetar la religión y las religiones porque consideramos que las religiones son como perlas preciosas engarzadas en el hilo de oro de la Divinidad, pero las creencias tampoco son percepción directa de la Verdad. El Sol existiría si creemos en él o no creemos, la Tierra girará alrededor del Astro-Rey aunque no creamos, el fuego nos quemará el dedo cada vez lo metamos entre la llama aunque no creamos. Así, pues, lo que un hombre crea o deje de creer no es la Verdad.

Más allá de la Mente Intermedia está la Mente Interior. Si la Mente Sensual funciona con base precisamente en las percepciones sensoriales externas, la Mente Interior funciona con los resortes precisos de la Conciencia Superlativa y Trascendental del Ser. Así, pues, la Conciencia despierta puede conocer los fenómenos de la Naturaleza en forma directa, completa, unitotal, y luego entregar esos datos a la Mente Interior. La Mente Interior, con los datos de la Conciencia Superlativa del Ser, conoce lo Real, conoce los Misterios de la Vida y de la Muerte, conoce el origen de la vida, descubre eso que la Mente Sensorial ignora, sabe de dónde venimos, para dónde vamos, cuál es el objeto de la existencia, etc.

La Mente Sensual no puede conocer los fenómenos de la Naturaleza en sí mismos. Vemos aquí una flor por ejemplo un clavel. La Mente Sensual dice: “es un clavel”, pero ¿quién nos dijo que éste era el nombre de esa flor? Nos lo enseñaron en la escuela, nos lo enseñaron en la casa, nos lo enseñaron las gentes, ¿pero a nosotros nos consta acaso que ese sea el verdadero nombre de esta flor? Nos lo enseñaron, sí, ¿pero qué autoridad tienen los que nos lo enseñaron para ponerle un nombre a esa flor? ¿Cuál sería su verdadero nombre? ¿Somos acaso los amos de la Sabiduría Universal para saber cuál es el nombre que el Divino Arquitecto ha puesto a esa flor? Con la Mente Interior todo cambia, y decimos: “el verdadero nombre de esta flor es tal o cual, sus componentes son tales o cuales”...

En el colegio, en la escuela o en la universidad se nos puede entregar la fórmula química de esa flor y entonces nosotros vemos, en esa flor, la fórmula que nos metieron en la memoria, pero no estamos viendo la flor; estamos viendo el nombre que nos enseñaron, pero no estamos viendo su verdadero nombre; estamos poniendo en la flor lo que aprendimos en la escuela, en el colegio, en la universidad, pero no estamos viendo la flor. Verla es diferente; tenemos que abrirnos a lo nuevo para que la flor nos hable, tenemos que conocerla, tenemos que colocarnos en un estado receptivo, pero nosotros somos orgullosos, nos creemos más grandes que la flor, la llamamos de tal manera y decimos: un clavel, y su fórmula química es tal porque nos lo enseñaron en la escuela, pero estamos viendo lo que nos enseñaron en la escuela, no estamos viendo la flor.

La consciencia sí puede ver la flor, conocer su real nombre en el Cosmos, conocer sus verdaderos funcionalismos y sus reales elementos. La Conciencia puede pasar esos datos a la Mente Interior y la Mente Interior puede comprenderlos.

Hoy por hoy con nuestra Mente Sensual lo único que hacemos nosotros en verdad es proyectar nuestras propias ideas y conceptos sobre los fenómenos. Nadie puede aprehender con la Mente Sensual los fenómenos de la Naturaleza y del Cosmos, porque la vida fluye incesantemente y cuando nosotros queremos retenerla aunque sea por un instante la matamos. Sólo con la Conciencia despierta expresándose a través de la Mente Interior, podremos conocer los fenómenos en sí mismos, aquí y ahora.

Samael Aun Weor

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